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LA FUGA DE LA DIABLA, SIMPLEMENTE, INDESCRIPTIBLE.

Lo que ayer sucedió en Valverde de Leganés no puede describirse con palabras, lleno a reventar, superando las 5.000 personas, en un espectáculo sin parangón.

 

Con el pasacalles en las inmediaciones de la iglesia, que se iluminaba de un rojo fuego, comenzó el festejo. Los actores en su mejor representación asustaban a los asistentes provocando una sensación de miedo y asombro que hacía tintinear los dientes de muchos pero que a la vez provocaba una extraña impresión de placer. El recorrido siguió por las calles, a ritmo de tamborada y música mística, con la única iluminación de las bengalas y el fuego que acompañaba el séquito de la diabla.

 

Por fin la comitiva llegó al auditorio, lleno hasta la bandera. La diabla, espectacular, contoneaba sus caderas y se paseaba con lentitud, demostrando su poder, mientras sus engendros la adulaban y rodeaban. De nuevo la música y la pirotecnia recrearon un ambiente mágico que trasladó a los asistentes a la leyenda Valverdeña. La actuación fue sobrecogedora, los diablos dominaban la situación: ángeles negros, rojos demonios, zancudos y otros monstruos invadían el auditorio. La situación estaba perdida, Valverde había sucumbido al poder de la maligna. Sin embargo, algo estaba por suceder; el Bartolo ganador entró en escena. Las fuerzas del bien habían bajado de los cielos y un ángel bello y puro estaba dispuesto a plantarle cara. Ahora las fuerzas del bien dominaban la situación. El ejército blanco luchaba contra los malos dejando un reguero de barbaros por el suelo, pero la diabla se resistía, estaba más fuerte que nunca y no podía perder su oportunidad de dominar su pueblo. En un último esfuerzo el ángel consiguió reducirla y encerrarla, de nuevo y hasta el próximo año, en la torre de la iglesia.